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JavaZone: la crónica alternativa

La semana pasada, publiqué mi aséptica y periodística crónica de mi viaje a la JavaZone. Pero, un viaje siempre esconde muchas más cosas. Una verdadera intrahistoria que, normalmente, nadie cuenta. En esta ocasión, me pasó de todo. Si queréis aprender a robar la caja de seguridad de un hotel, saber como casi consigo que me secuestren y llegar más allá de la “crónica oficial“, esta es la historia:

A Noruega, con una tabla de surf

Para decorar la sala donde se iba a grabar el podcast de JavaPosse, encargué un par de rollups -una especie de carteles extensibles- que miden alrededor de un metro. No encontré maleta o bolsa alguna que fuera capaz de contener algo de esas medidas. La única solución que se me ocurrió fue… una funda de tabla de surf ¿Os podéis imaginar la cara de la azafata que facturó mi equipaje en Barajas? ¿Tabla de surf? ¿A Noruega? El transporte por el metro de Oslo también fue curioso.

Oslo

¿Que has perdido qué?

A Noruega, en un principio, íbamos dos. John -desde Londres- y yo. Un día antes de volar, mi compañero inglés no encuentra su pasaporte y en el Reino Unido tardan una semana como mínimo en conseguir uno nuevo. ”What? Bueno, tranquilo. Noruega firmó el Tratado de Schengen. Con tu documento nacional de identidad, puedes viajar“. No way: en el Reino Unido -como en EEUU- desconocen esa nueva tecnología. John sólo tenía su carnet de conducir y, con eso, no le dejaban salir del país. Así que me fui solo a Noruega a intentar hacer el trabajo que debían hacer dos personas.

La caja de seguridad que no era segura

Después de acreditarme, regresé a mi habitación e intenté recuperar mi portátil de la caja de seguridad de la habitación del hotel. No se abría. El experto que me mandaron tampoco consiguió nada y se fue a buscar refuerzos.

los noruegos, colapsados, no hacían nada más que meter una y otra vez la clave maestra: dos ## y, después, cinco ceros

Al rato, volvió con soporte de segundo nivel. Ante la consternación de los noruegos, la caja seguía sin abrirse. Colapsados, no hacían nada más que meter una y otra vez la clave maestra -dos ## y, después, cinco ceros- para comprobar, una y otra vez, que no funcionaba. Hasta que me fijé en lo que estaban haciendo, vi que en el display ponía “Low Batt” y les dije “a ver si va a ser que se le han agotado las pilas a la caja“…

Pegatinas y cerveza

Cuando trabajas en marketing, muchos creen que tu trabajo es bastante parecido al de James Bond y que vives rodeado de martinis, lujos y bellas espías internacionales. Puede que sea verdad, pero esta vez me tocó estar clavado a las 7 de la mañana en el Oslo Specktrum para irme a los almacenes y pasarme 2 horas y media en un pasillo pegando pegatinas a los 320 botes de cerveza que íbamos a repartir durante el podcastGlamour puro.

Atlas Beer

Las cervezas, con las pegatinas de Atlassian

Mis 2 minutos de gloria

Y, por fin, llegó el momento esperado, la grabación del podcast. La verdad, todo salió a pedir de boca: la gente se lo pasó pirata, a todo el mundo le encantó lo de la cerveza y Dick Wall y Carl Quinn fueron muy, muy divertidos.

Aquí tenéis el video de la grabación del podcast. Como curiosidad, el becerro que grita solo cuando preguntan si hay alguien que venga de Europa Occidental en vez de Escandinavia, soy yo. Al final del podcast, veréis que agradecen el apoyo de Atlassian y hablan con alguien fuera de plano. También soy yo.

Secuestrados

Al día siguiente, volé a Amsterdam. En el aeropuerto, me encontré con Sven -el embajador alemán de Atlassian- y decidimos coger un taxi para llegar cuanto antes a la oficina.

Había una cola kilométrica, pero un simpático señor nos dijo que esa era la cola general, pero que había otra cola más corta para taxis que sólo iban a Amsterdam. Nos acompañó a la otra cola y nos montamos en su taxi. Lo cierto es que el coche era un taxi aunque ligeramente diferente.

En el primer semáforo en el que paramos, una vez montados en el coche, se acerca el otro tipo que nos avisó de la existencia de la cola alternativa y, en holandés, le dice al amigo-taxista que le acerque a la estación central. Y se monta en el taxi… en el sitio que supuestamente estaba roto.

De repente, me di cuenta de que el taxímetro estaba volcado y no se veía, la licencia dada la vuelta, de tal manera que no podíamos ver la foto… y que íbamos en un coche con dos tipos a los que no conocíamos de nada, pero que no tenían pinta de taxistas.

En ese momento, que estuviera metido en un taxi pirata que pudiera cobrarme más de lo normal era lo que menos me preocupaba, sino la posibilidad de que nos llevaran a un sitio con aún más gente y nos robaran todo lo que llevábamos. No podía hablar con Sven, porque era evidente que los dos tipos de delante hablaban inglés. Así que le escribí una nota en el teléfono:

estos dos tipos no son taxistas y no sabemos donde nos llevan. Estate preparado para cualquier cosa

De repente, tomaron un desvío que no es el normal para ir al centro de Amsterdam sino para ir al suburbio de Haarlem. En cuanto paramos en un semáforo, abrí la puerta y le dije al pirata que la carrera acababa ahí y ahora.

La aventura nos costó 49€, que pagamos religiosamente para evitarnos más problemas, cuando un viaje normal hasta la oficina de Atlassian desde el aeropuerto cuesta unos 40€ . Y encima estábamos en medio de la nada.

El equipaje del señor Newton

Al día siguiente, al fin, volví a España. Una vez más, tuve que facturar mi pseudo-tabla de surf… que no llegó al aeropuerto de Barajas. La amable chica que me atendió en Equipajes Perdidos enseguida se dio cuenta de que, la pegatina-resguardo de mi equipaje no tenía mi nombre, sino el del señor Newton y que el destino no era Madrid… sino Newark, Nueva Jersey.

Moraleja, cuando os facturen en el aeropuerto y os den la pegatina de resguardo, comprobad al menos que el código del vuelo es el vuestro. Parece increíble, pero tu equipaje puede aparecer en Nueva Jersey…

Bonillismo puro.

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JavaZone 2011

JavaZone 2011Esta semana, Atlassian me ha enviado a la JavaZone, la conferencia de Java más importante de Escandinavia.

JavaZone es una autentica desconocida en el sur de Europa en general y en España en particular y, sin embargo, es un eventazo en toda regla: 2.300 asistentes y más de 60 voluntarios involucrados en la organización.

Aunque todos nos hemos reído con los increíbles anuncios que crean año tras año, hasta ahora, no conocía a nadie que hubiera asistido en persona. Así que, para los que estéis interesados en conocer lo que viví, vi y oí en el lejano Oslo, aquí tenéis lo mejor, lo peor y lo más amazing de está edición:

Lo mejor

  • El sitio. El Oslo Spektrum, un estadio en pleno centro de Oslo. Igual que si celebráramos  una convención técnica en plena Puerta del Sol.
  • El idioma. Calculo que más del 90% de los asistentes eran noruegos y, aún así, todo estaba en perfecto inglés. Y el 60-70% de las charlas también.
  • La entrega de acreditaciones. Amenizada con una banda de rock tocando en directo. Así la cola se hacía más amena. Además, podías recoger tu acreditación los dos días anteriores al evento, para evitar aglomeraciones. En menos de una hora, se habían entrado los 2.300 asistentes.

Lo peor

  • Los lightning talks o charlas rápidas. No estaban bien anunciados, los hacían uno detrás de otro en una sala que cerraron cuando se lleno el aforo. A mejorar.
  • La zona de exhibición. Los stands se confundían con tanto restaurante y, además, no eran muy originales. Los mejores, una empresa noruega que tenía una especie de futbolín- El resto, sositos.
  • La fiesta. Un chou. Un espectáculo. Pero, a una tirada larga del lugar del evento. La gente se dispersó, otros llegaron pronto y algunos tarde. Pero, claro, es difícil encontrar un sitio donde meter a 2.300 personas. A mi está costando encontrar un sitio para 130 personas en Sevilla, me hago cargo de lo que debe ser buscar para 2.300… en Oslo.

Lo más amazing

  • ¡¡¡ La comida !!! Unos 8 puestos sirviendo permanentemente y durante todo el día comida de todo tipo: desde sushi a hamburguesas, salmón, pizza, albóndigas, helados, cuscús, humus, palomitas tapas… ¡AMAZING! ¡ Hasta tenían buffet de ensaladas!
  • La acreditación. Un autentico diskette de 3’5 que, además, podías utilizar en varios stands para participar en concursos y promociones.
  • La guardería. O, como ellos lo llamaban, la Incubator Zone. Otra ideaca y una muestra de sensibilidad con las muchas mujeres técnicas y desarrolladoras que quieren asistir a estos eventos.

La JavaZone es un eventazo: 7 tracks en paralelo, comida y bebida gratis durante todo el día, instalaciones de lujo, sistema audiovisual de cine y ponentes de postín, incluida gente como Java Posse. Eso si, también tiene precio de eventazo: 5.850 coronas noruegas, que al cambio vienen a ser unos 770€. Si a eso le sumas el precio del billete y el hotel en Oslo, asistir te puede salir por un pico.

¿Merece la pena? Para los españoles, es algo más cara que la Devoxx y bastante más barata que la JavaOne. En cualquier caso, venir aquí cuesta bastante menos que muchos cursos de formación -supuestamente de altísimo nivel- que pagan muchas empresas. Es cuestión de mirar la agenda y comprobar que charlas con las que podrás rentabilizar el viaje.

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